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una hace lo que tiene que hacer…

Por fin he podido hacerme un tiempito para entrar aquí otra vez, los últimos meses han sido un pleamar de horrores, si así tal cual, y es que una sabe que cuando los imprevistos aparecen se vienen temporadas complicadas que requieren toda nuestra atención. Pero lo que ha sucedido esta vez está fuera de todo lo imaginable, pues con Salvador sabíamos que esta penosa pérdida llegaría más temprano que tarde, pero no teníamos idea de que sería tan, tan pero tan brutal.

Todo comenzó cuando un día que ya no recuerdo, una llamada matinal avisaba que mi suegra fallecía, la madre de mi Salvador, una abuelita que me habría gustado conocer más, aprender más de ella, de su sabiduría hogareña, pero también hay que decirlo tenía un carácter especial, es que ella era como dicen “llevada a su idea”… aunque su mejor característica no era su carácter sino su propia vida, una vida de trabajo y esfuerzo, siempre con su negocio a cuestas el que no quería cerrar por nada en este mundo aunque los buenos tiempos ya hubieran humeado a las nubes. La señora Fidela “Coca” como le llamaban también era muy querida por sus vecinos todos en su barrio la conocían y no solo por haber vivido casi 40 años aquí sino por su labor con la Iglesia Marianista en favor del barrio y los vecinos. Una mujer llena de historia y amor que de seguro ahora debe ser otro ángel en el cielo.

Y desde ahí no he parado, acompañando a los Salvador (padre e hijo con el mismo nombre), que por supuesto apoyo incondicionalmente, yendo de un lado para otro porque su casa está lejos en la comuna de Maipú, el ir y venir mientras hacemos los arreglos de la casa para poder cambiarnos con petacas y mascotas… pero la vida tiene buenas y malas intenciones, en medio de este caos nos envió un terrible resfriado virulento que nos dejó literalmente muertos en vida durante siete días… siete días de trabajo perdido. Aunque yo estaba contenta porque mi guatón volvió por fin al departamento, desde que falleció su madre no dejó solo a su padre y se quedó con él en Maipú, mientras yo intentaba conciliar la comprensión y la triste soledad.

Además los trabajos en la casa no terminaban y necesitábamos cambiarnos lo antes posible, y se vino encima una maratón que casi nos hace perder la cabeza, debíamos entregar el departamento a fin de mes obligadamente porque no queríamos pagar otro mes de arriendo… de ahí en adelante todo fue un problema, dábamos un paso y retrocedíamos tres, mi pobre Salvador que además tenía que ir al trabajo y yo que hacía todo lo que podía, trabajamos un montón pero nos faltaron manos y apoyo, mi suegro ya es de la tercera edad y no se le puede exigir mucho tampoco. El dinero ya se terminaba y no pudimos contratar otro maestro así que debimos terminar los arreglos nosotros, al final entregamos el departamento con tal decepción que nos dolió alma.

Nos dolió porque fue nuestro hogar durante 10 años, para Salvador fue el lugar donde maduró, paso de ser un joven loco e irresponsable a un hombre adulto y familiar, y yo por fin tenía un lugar y una familia donde establecerme y centrarme, porque era igual de loca e irresponsable que él… queríamos que ese pequeño lugar que nos acogió quedara hermoso porque se lo merecía… lamentablemente todo se salió mal.

Después de varios días dejé de estar triste por el departamento (aunque aún lo recuerdo y me da pena) y llegando aquí a nuestra nueva casa era de esperar que todo iría mejor… pero no fue así, mi nivel de estrés subió a tal punto que tuve una crisis nerviosa, las dos primeras semanas todo fue un caos, porque si bien una sabe que las personas tienen costumbres diferentes y hacen todo distinto, no pensé que fuera tan difícil de sobrellevar… en eso estamos ahora conociéndonos e intentando aceptarnos como somos, pero es tan complejo todo…

En esta nueva casa hay mucho por hacer, trabajo, limpieza, orden, y muchísimo más, no se imaginan cuanto. Yo me vuelvo un poquito loca todos los días, y en varias ocasiones he pensado en irme y dejar todo porque me supera, pero cuando pienso en Salvador lo olvido porque él se la ha jugado tanto por mi siempre que yo no podría hacerle algo tan feo como dejarlo solo y botado, aunque sé que él podría seguir con su vida sin problemas, pero yo me siento en deuda, en mi corazón no hay una obligación, hay amor. y por lo mismo como dice el título de este post, “una hace lo que tiene que hacer”.

Sólo pido que los buenos tiempos no demoren en llegar, quiero que seamos felices otra vez y las condiciones están solo hay que esperar con fe de que todo va a estar bien… al menos ya hay dos felices la  Bonny y la Mya que están encantadas con su antejardín y sus nuevas hermanas Panda y Perla.

Si al final la única que enloquece aquí soy yo, porque soy la única que se toma todo en serio, quien se preocupa por todo y le da importancia a todo, la que pone las reglas que nadie cumple, quien debe ser paciente y callar para que las sonrisas no desaparezcan, si es que yo me consideraba tan hippie y ahora soy la maestra con varilla {en sentido figurado por supuesto}… y recuerdo cuando mi vida era tan simple… en fin sigamos adelante.

“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante,
y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.”
Khalil Gibran

Imagen de Kinga Cichewicz desde Unsplash.

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